Durante el partido de Argentina vs Uruguay, el señor Fernando Niembro dijo, entre otras barbaridades, lo siguiente haciendo foco especialmente en la figura de Javier Pastore: "Pastore... Todo el mundo lo pedía a Pastore. Le dieron la chance, tenía que jugar este gran partido... Juega muy bien en el Palermo... ¡Que juegue allá! ¿Para qué con la camiseta de Argentina? ¿Para hacer sufrir a los hinchas argentinos? No tiene valor. Pongamos a alguien que tenga hambre".
Pasan los años, los partidos, los mundiales, y los muertos que vos matás gozan de muy buena salud. Seguramente en un potrero argentino o italiano, muchos pibes o alguno al menos sueña con hacer un gol o una jugada como el Flaco. Pero nadie, nunca nadie, querrá parecerse a un pusilánime como vos Niembro. Te lo firmo. Dedicado a vos, y a todos los que reniegan de los "pecho frío", van estas palabras de alguien que por suerte sabe del juego y que seguramente relata mejor que yo, y muchísimo pero muchísimo mejor que vos, la actuación de Pastore en el partido de ayer. Vamos Pagani, haceme feliz.
Pastore debió haber ingresado mucho antes
Por Horacio Pagani
Más allá de la caída por penales, el partido ofreció una certeza: Argentina no puede prescindir de Javier Pastore. Sergio Batista lo puso demasiado tarde, a los 27 minutos del segundo tiempo, y quedó la sensación de que si él hubiese ingresado antes, las cosas hubieran sido diferentes para la Selección. Pastore ratificó que con sus dotes de armador es capaz de organizar el juego y de fomentar la claridad que el equipo sólo tuvo cuando la pelota pasó por sus pies o en aquella última media hora del primer tiempo en la que Lionel Messi logró desequilibrar desde la posición que mejor le sienta: bien abierto sobre la derecha.
Argentina fue un equipo con Pastore en la cancha y otro sin la presencia del flaco del Palermo. Cuando entró él, las únicas jugadas de creación de juego lo tuvieron como protagonista. En los 27 minutos anteriores del segundo tiempo, Argentina careció de claridad y de concepto de juego. No tuvo elaboración, la circulación de la pelota se convirtió en una proclama vana y los uruguayos, que estaban con uno menos desde los 38 del primer tiempo por la roja que vio Diego Pérez, se defendieron como pudieron y se sostuvieron en la gran actuación de Muslera.
En líneas generales, Argentina hizo un buen primer tiempo. Demoró entre diez y quince minutos en asentarse. En el arranque hubo momentos de confusión porque Messi fue demasiado por el medio e incluso se retrasó más de lo aconsejable. Los uruguayos, que ya a los dos minutos se habían puesto en ventaja con el gol de Diego Pérez, lo controlaron bien y Argentina no supo cómo resolver esa dificultad hasta que Messi se paró bien abierto sobre la derecha.
En líneas generales, Argentina hizo un buen primer tiempo. Demoró entre diez y quince minutos en asentarse. En el arranque hubo momentos de confusión porque Messi fue demasiado por el medio e incluso se retrasó más de lo aconsejable. Los uruguayos, que ya a los dos minutos se habían puesto en ventaja con el gol de Diego Pérez, lo controlaron bien y Argentina no supo cómo resolver esa dificultad hasta que Messi se paró bien abierto sobre la derecha.
Los arrebatos individuales de Angel Di María y Sergio Agüero quedaron de lado y Messi se hizo cargo de la mayoría de los ataques bien concebidos, acompañado adecuadamente por un Fernando Gago que por entonces cumplió muy bien con su función de convertirse en salida.Así se llegó al gol del empate, con un enganche hacia adentro de Messi y el centro perfecto para el cabezazo de Gonzalo Higuaín.
Por entonces, Uruguay ya había elegido una fórmula muy parecida a la del rugby para general peligro. Favorecidos por la tendencia de Burdisso y Milito a cometer infracciones con los atacantes de espalda, los uruguayos apostaron casi sistemáticamente a los tiros libres de Diego Forlán y a la capacidad aérea de sus defensores y volantes para complicar.
El socio que necesitaba Messi estaba en el banco y Batista regaló demasiado tiempo al ponerlo recién cuando quedaban 18 minutos para el final de los 90 minutos reglamentarios. Para Argentina fue insuficiente con esa media hora en la que Messi y Gago la llevaron por buen camino y con el rato en el que Pastore le dio un perfil mucho más saludable al equipo. El juego de toque que pretende Sergio Batista se vio poco y nada. Y el equipo lo pagó.
Por entonces, Uruguay ya había elegido una fórmula muy parecida a la del rugby para general peligro. Favorecidos por la tendencia de Burdisso y Milito a cometer infracciones con los atacantes de espalda, los uruguayos apostaron casi sistemáticamente a los tiros libres de Diego Forlán y a la capacidad aérea de sus defensores y volantes para complicar.
El socio que necesitaba Messi estaba en el banco y Batista regaló demasiado tiempo al ponerlo recién cuando quedaban 18 minutos para el final de los 90 minutos reglamentarios. Para Argentina fue insuficiente con esa media hora en la que Messi y Gago la llevaron por buen camino y con el rato en el que Pastore le dio un perfil mucho más saludable al equipo. El juego de toque que pretende Sergio Batista se vio poco y nada. Y el equipo lo pagó.
Gracias Horacio! Gracias Fenómeno!

Y la lotería de los penales no traía buenos augurios, fue justo Tévez, el jugador del pueblo, el más ovacionado al ingresar en la cancha quien malogró su tiro desde los 12 pasos que terminó en las manos de Muslera. Justo él, el jugador que el Checho no iba a convocar, el último de los jugadores emblemáticos en formar parte de la era Batista, es quien define la salida de la Argentina del certamen. Cosas del fútbol y de la vida.
Creo que hay errores que cometió el equipo hoy, sobre todo defensivamente y no anduvo bien Agüero como en los partidos anteriores, pero también creo que no se ligó nada, y así es el juego. No sé si el Checho debe seguir o no, tal vez se pueda cambiar y si tengo que elegir seguro tengo a otros nombres antes, pero las operaciones berretas me molestan, más cuando vienen de personajes nefastos que jamás defienden el buen juego sino que han atentado y atentan contra él permanentemente.
La selección cambió su pálida imagen en el certamen. En Córdoba y casi a ritmo de cuarteto. Messi a Messi, el equipo se fue entonando y contagiando a la gente que ovacionó al seleccionado nacional y especialmente al rosarino. Aunque también pedía por Javier Pastore desde comienzos del complemento. 
Alfio Basile, se manifestó preocupado por el presente de la selección y afirmó lo trágico que sería una posible eliminación del equipo de Batista en primera ronda de la Copa América. "Sería un desastre por la cotización que tienen nuestros jugadores. Si vos querés armar un grupo, no te sale mejor que éste. No nos podemos quedar afuera". Después analizó el juego "Tratar de imitar al Barcelona es una apuesta altísima. Ellos recuperan la pelota donde la pierden, por eso tienen siempre la pelota. Es imposible jugar como ellos", opinó en una entrevista a Radio Concepto.
La emoción reinaba en la sede del museo y los cantos alusivos no cesaban, más cuando a Román le preguntaron por la selección y la Copa América: "Para mí, ponerme la camiseta de Boca es igual de importante que la de la selección. Es raro, pero es lo que me pasa a mí porque soy hincha de este club. Nací bostero como mi papá y voy a morir bostero como todos ustedes", confesó Riquelme. Dijo muchas cosas más que rescatan lo más importante y lindo que tiene el fútbol. Recordó que fue su papá quien le enseñó a jugar a la pelota y que le estará siempre agradecido por eso. Y Román es ídolo porque representa esa cosas, simples pero esenciales, que hacen del fútbol mucho más que un deporte, lo convierten en parte de nuestro ADN porque despierta en nosotros los más variados sentimientos y pasiones.
"Lo que más deseo, cuando faltan sólo horas para el comienzo de este torneo, es ser importante para el equipo. Pero desde ya les digo que cambiaría cualquier cosa, incluso todos los goles y todos los premios, por ganar algo con el seleccionado. Desde que juego en la selección nunca pudimos conseguir el objetivo, en la Copa o en un Mundial, ojalá que ahora se dé. Es lo que más quiero". Decía Messi horas antes del partido inaugural. Qué lejos está aún ese deseo del delantero del Barcelona, el mejor equipo del mundo, el número uno para la FIFA y para muchos de nosotros que sigue sin poder hacer pie con la celeste y blanca. Sin embargo no fue por responsabilidad de Messi que el equipo no le ganó a Bolivia. Si hay que elegir un responsable para el resultado inesperado de hoy, sin dudas me quedo con Sergio Batista. Porque no sólo no me terminaba de satisfacer el equipo que paró en el estadio único de La Plata, sino que la cosa empeoró mucho más aún con los cambios del segundo tiempo.
En verdad con uno de los cambios. el de Di María por Cambiasso, que no aportó nada diferente al poco juego asociado que ofrecía el seleccionado nacional, porque la entrada del Kun Agüero por Lavezzi fue lo mejor del partido. El ex Independiente no sólo marcó el empate sino que provocó las jugadas más incisivas en el área rival y sus disparos al arco llegaban con más convicción que los tibios intentos del delantero del Nápoli.
Un párrafo aparte merece la fiesta inaugural. El espectáculo fue bello, simple y contundente. Y estuvo a la altura de las circunstancias. Ojalá el juego del seleccionado nacional hubiera seguido las mismas premisas. Falta mucho, se puede mejorar, y hay nombres que pueden aportar para ello. Las tácticas sirven con nombres que las sostengan, solas no son más que fórmulas vacías.